Camino bajo el cielo nocturno decembrino, con el corazón rebosante de una cálida sensación de paz y tranquilidad. Aquella hermosa paz que se siente cuando existe armonía en el ambiente donde te desarrollas.
Y es ahí cuando suelto una tímida mirada a la bóveda celeste sobre mi cabeza, con un dote de esperanza. Esperanza de hallar aquello que se me arrebató hace mucho y que busco sin cesar, pero sin resultado alguno.
En las estrellas hallo consuelo ante mi situación, mi soledad y mis ganas de soñar. Solo ellas saben cuanto he pasado, que tan injusta o justamente he sido juzgado y que tan roto ha quedado mi corazón después de sufrir tanto.
Y mirando el oscuro manto nocturno me pregunté "¿Será posible que estés en algún lugar de este enorme mundo, viendo las estrellas como lo hago yo?"…Y no pierdo la esperanza de que el destino nos ponga pronto uno en el camino del otro, para nunca más hacernos falta.
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