Buscar este blog

sábado, 1 de septiembre de 2012

Reclamo al aire



Necesito externarlo, me quema por dentro: Usted, mi Lord, es un imbécil. Creyendo que vuestra verdad es incuestionable y absoluta, pero hay dos cosas que hacen de vuestra “verdad” un chiste: no hay verdades incuestionables y absolutas.

Si usted, gentil caballero de cabeza dura, cree que mis palabras son sosas e infantiles, ¿entonces qué hace leyéndolas? Vuestra voluntad le permite elegir lo que le plazca, entonces, ¿Por qué os quejáis del joven “insulso y patético” que las externa? ¿No es igual de patético estar al tanto de quien ya no os interesáis?

Tan culpable es el que está atento como el que busca atención.

Yo no soy quien para cuestionarlo,  poseedor del “conocimiento universal”, puesto que vuestra inteligencia es incomparable con cualquier ser humano. Y claro está, que la última premisa es un vil sarcasmo. ¡Me río de mi manera de mancillar vuestra buena imagen, amo y señor de la tierra de la lucidez!

Este humilde mancebo que se atreve a decir tales palabras espera con ansias la aparición de su verdugo, quien ni tardo ni perezoso aparecerá en este mismo sitio y nos mostrará que usted tiene el mismo potencial emocional de una tortilla, y la misma visión unilateral del mundo  que aquellos que en tiempos inmemorables mandaban a matar a quienes se atrevieran a levantar la voz.

Y con el mismo atrevimiento con el que me dirigí a usted, mi estimado cabeza de nudo, me retiro, no por cobardía, sino porque el discutir con una persona como usted y vuestros seguidores no solo es perder el tiempo, sino arriesgarme a caer en el abismo de estupidez en el que vive vuestra gente.

¡Buen día, mi Lord!