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domingo, 19 de octubre de 2014

Crisis



Hay algo que no me deja en paz desde hace tiempo… Algo realmente estúpido y que no debería de preocuparme, pero lo hace: ¿Por qué no he entrado en crisis?

En estos últimos meses muchos de mis amigos han entrado en crisis por cuestiones que hemos ido viendo durante el semestre, cosas que deben de reflexionarse y guiarte a decidir tu camino. Pero yo no, y me hace sentir estúpido. ¿Será que estoy tan bloqueado que no me permito profundizar? ¿O será que no tengo camino a seguir? ¿O tal vez mi camino y mi forma de manejarme en la vida ya la definí?

Sea como sea, este hecho me hace sentir raro, incómodo… Como si estuviera excluido de algo. Y eso, señores y señoritas, es algo horrendo.

Yo sé de crisis, he pasado varias en los últimos 7 años, cada una con su matiz y sus consecuencias, y cada una de ellas me ha hecho cambiar, crecer y madurar hasta ser o que hoy soy.

Cabe recordar la etapa en que me acomplejaba mi cuerpo, puesto que parecía de niño, o la crisis por descubrir mi orientación sexual, también está la que pasé al no saber qué era lo que yo buscaba estudiar, o la más dura, que fue la combinación de un truene emocional, problemas familiares, el reprobar y no graduarme y el choque con mis necesidades sexuales. Crisis muy fuertes, muy crudas y que me hicieron replantear mi vida como tal.
Pero hoy en día no logro ponerme en crisis por el hecho de que mi disciplina tiene la misma estabilidad de un edificio construido en la falla de San Andrés, o que se basa en la metafísica y dado dicho carácter no le permite ser ciencia, por lo que uno debe de buscar los métodos correctos para hacerlo. Y no pienso discutirlo.

Soy de la idea de que hay que aferrarse a lo que uno quiere, pero con actitud abierta ante todo, por lo que el casarse con las ideas no es una salida viable. El darle el carácter de ciencia a algo depende de cómo te adentres en la disciplina, pero no por eso negar a la metafísica, sino simplemente no permitirle el influenciar tu trabajo científico. La metafísica es buena para la vida, pero no para la ciencia, aunque muchos no lo crean.

El tomar las ideas de una persona, aferrarte a ellas y ponerlas en comparación con las de otras personas es interesante, pero ¿realmente te llevan a algo? Yo preferiría hacerme de un criterio propio, no buscar un criterio de alguien y apropiarme de él.

En fin, soy aquel chico raro que nunca está en sintonía con los demás.

La llama



Arde muy dentro, con la intensidad que nunca había tenido… Es cálida y su luz alumbra hasta los días más grises. Es aquella llama que no había vuelto a ver la que arde en mi interior esta noche, mostrándome que no había muerto.

Aquella llama es la que una vez me llevó a la locura, la que hizo que me arrojará sin titubear a conocer la vida, a enfrentarme a mis demonios, a atreverme a ser yo mismo y la que, irónicamente, me arrastró hasta donde estoy hoy en día.

La vida que me dio nunca la desprecié, ni siquiera hoy en día cuando, al ver los destrozos que dejó esa llama me doy cuenta de que perdí muchas cosas. Aquello que perdí fue recompensado con un sinfín de fortunas y alegrías que creo no haber apreciado en su momento.

Creí que se había esfumado, que se había apagado y yo había muerto, pero aquí sigue, tenue, cálida, en lo más profundo de mi ser, tras las barreras que existen dentro de mi y que sé que debo destruir. Solo así la llama arderá, incluso con más intensidad, y la vida tomará una vez más el sentido que falta hoy en día.