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domingo, 19 de octubre de 2014

La llama



Arde muy dentro, con la intensidad que nunca había tenido… Es cálida y su luz alumbra hasta los días más grises. Es aquella llama que no había vuelto a ver la que arde en mi interior esta noche, mostrándome que no había muerto.

Aquella llama es la que una vez me llevó a la locura, la que hizo que me arrojará sin titubear a conocer la vida, a enfrentarme a mis demonios, a atreverme a ser yo mismo y la que, irónicamente, me arrastró hasta donde estoy hoy en día.

La vida que me dio nunca la desprecié, ni siquiera hoy en día cuando, al ver los destrozos que dejó esa llama me doy cuenta de que perdí muchas cosas. Aquello que perdí fue recompensado con un sinfín de fortunas y alegrías que creo no haber apreciado en su momento.

Creí que se había esfumado, que se había apagado y yo había muerto, pero aquí sigue, tenue, cálida, en lo más profundo de mi ser, tras las barreras que existen dentro de mi y que sé que debo destruir. Solo así la llama arderá, incluso con más intensidad, y la vida tomará una vez más el sentido que falta hoy en día.

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