Arde muy dentro, con la
intensidad que nunca había tenido… Es cálida y su luz alumbra hasta los días
más grises. Es aquella llama que no había vuelto a ver la que arde en mi
interior esta noche, mostrándome que no había muerto.
Aquella llama es la que una vez
me llevó a la locura, la que hizo que me arrojará sin titubear a conocer la
vida, a enfrentarme a mis demonios, a atreverme a ser yo mismo y la que,
irónicamente, me arrastró hasta donde estoy hoy en día.
La vida que me dio nunca la
desprecié, ni siquiera hoy en día cuando, al ver los destrozos que dejó esa
llama me doy cuenta de que perdí muchas cosas. Aquello que perdí fue
recompensado con un sinfín de fortunas y alegrías que creo no haber apreciado
en su momento.
Creí que se había esfumado, que
se había apagado y yo había muerto, pero aquí sigue, tenue, cálida, en lo más
profundo de mi ser, tras las barreras que existen dentro de mi y que sé que
debo destruir. Solo así la llama arderá, incluso con más intensidad, y la vida
tomará una vez más el sentido que falta hoy en día.
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