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sábado, 14 de junio de 2014

A palabras necias...



Hace un tiempo creí conocer a quienes me rodeaban, a mi círculo íntimo, pero como alguna vez alguien me dijo: Nunca terminas de conocer a alguien. Y No puedo estar más de acuerdo en eso.

La persona que juraba comprensiva y reflexiva  resultó ser una persona sorda y ciega, que no gusta de toparse con los defectos que tiene, y en cambio prefiere culpar que enfrentar su realidad. Y no perdona, no reflexiona, las palabras no las capta y por tanto no hacen eco en lo más profundo de su ser.

Y normalmente las personas que quiero me importan, y lucho por mantener los lazos que tengo con las personas, pues me parece que en estos tiempos donde todo es tan desechable, el mantener los lazos con una persona se vuelve muy valioso. Pero en este caso no lo es. El hartazgo de tener que discutir para llegar a la persona es algo común en esta situación, y es desgastante. Me parece que es tan desgastante que lo más sano es dejar todo por la paz, pues son este tipo de relaciones las que poco a poco acaban con uno si se mantienen.

Creo que a mi edad ya pasé por muchas situaciones así como para seguir en una relación como esta. ¡Diablos! Ni siquiera en una relación de noviazgo permitiría esta situación, es estúpido e innecesario. Dejo las armas a un lado y me retiro de esta lucha que estuvo perdida desde el principio, y decido seguir el camino con quienes realmente importan, con aquellas personas con las que puedo compartir hasta mis peores momentos, mi peor lado y mis peores experiencias y aún así me aceptarán y querrán.

Así que aquí está la bandera blanca, yo me rindo (y eso es algo que no suelo hacer, a no ser porque realmente no hay solución), tómala o déjala, me da igual, pues bien dice el dicho:

“A palabras necias, oídos sordos”

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