Hace un tiempo creí conocer a
quienes me rodeaban, a mi círculo íntimo, pero como alguna vez alguien me dijo:
Nunca terminas de conocer a alguien. Y No puedo estar más de acuerdo en eso.
La persona que juraba comprensiva
y reflexiva resultó ser una persona
sorda y ciega, que no gusta de toparse con los defectos que tiene, y en cambio
prefiere culpar que enfrentar su realidad. Y no perdona, no reflexiona, las
palabras no las capta y por tanto no hacen eco en lo más profundo de su ser.
Y normalmente las personas que
quiero me importan, y lucho por mantener los lazos que tengo con las personas,
pues me parece que en estos tiempos donde todo es tan desechable, el mantener
los lazos con una persona se vuelve muy valioso. Pero en este caso no lo es. El
hartazgo de tener que discutir para llegar a la persona es algo común en esta
situación, y es desgastante. Me parece que es tan desgastante que lo más sano
es dejar todo por la paz, pues son este tipo de relaciones las que poco a poco
acaban con uno si se mantienen.
Creo que a mi edad ya pasé por
muchas situaciones así como para seguir en una relación como esta. ¡Diablos! Ni
siquiera en una relación de noviazgo permitiría esta situación, es estúpido e
innecesario. Dejo las armas a un lado y me retiro de esta lucha que estuvo
perdida desde el principio, y decido seguir el camino con quienes realmente
importan, con aquellas personas con las que puedo compartir hasta mis peores
momentos, mi peor lado y mis peores experiencias y aún así me aceptarán y
querrán.
Así que aquí está la bandera
blanca, yo me rindo (y eso es algo que no suelo hacer, a no ser porque
realmente no hay solución), tómala o déjala, me da igual, pues bien dice el
dicho:
“A palabras necias, oídos sordos”
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